"En Bogotá, la inseguridad es tan dura como el hambre", fue mi bandera en 2023. Hoy, como Concejal, he transformado ese compromiso en trabajo legislativo y control político para enfrentar la inseguridad alimentaria, buscando soluciones estructurales que garanticen una alimentación digna para todos los bogotanos.

Según la Evaluación de seguridad alimentaria del Programa Mundial de Alimentos (WFP, 2024), 1.1 millón de personas en Bogotá se encuentran en inseguridad alimentaria, lo que corresponde al 13% del total de la población de la ciudad. Además, un 52% de los bogotanos se mantiene en un estado de seguridad alimentaria marginal. He constatado que las zonas con mayores tasas de inseguridad alimentaria se concentran en el sur: la zona suroccidental, con localidades como Bosa y Ciudad Bolívar, registra un 23% de hogares en esta situación, seguida por la zona suroriental con un 17%.
Esta realidad se ve reflejada en la última Encuesta de Percepción Ciudadana (Bogotá Cómo Vamos, 2024), que señaló que un 27% de las personas reportó haber comido menos de tres veces al día en las últimas cuatro semanas por falta de suficientes alimentos. Además, me preocupa que esta situación golpea con mayor fuerza a las mujeres (28.9%) y a las personas mayores de 55 años (34.5%). A través de los datos de Saludata 2025, también he visibilizado cómo la inseguridad alimentaria se manifiesta en graves indicadores de salud, como la malnutrición en menores de 5 años, niños, niñas y adolescentes, y en la población mayor de 65 años.
Nuestro trabajo también ha acompañado el nuevo modelo del Ingreso Mínimo Garantizado, que es esencial para la seguridad alimentaria:

Como miembro activo de la Bancada de la Lucha Contra el Hambre del Concejo de Bogotá, que tuve el honor de crear junto con 14 concejales de diversas orientaciones ideológicas, hemos impulsado logros concretos que ya están beneficiando a la ciudad (avances a octubre de 2025).
En un trabajo articulado con las secretarías distritales, logramos ampliar la meta de nuevos comedores comunitarios de 25 a 50 dentro del Plan Distrital de Desarrollo (PDD 2024-2027). Esto nos permitirá pasar de 115 a 165 comedores y aumentar la atención de beneficiarios de 77.000 a 109.000 en el cuatrienio. Ya inauguramos 3 de estos nuevos comedores y esperamos abrir 16 más este año.
También logramos incluir en el PDD la realización de los estudios técnicos de las infraestructuras de abastecimiento del Distrito, lo que abarca las 19 plazas de mercado distritales. Estos estudios son vitales para evaluar su estado, sus necesidades de ampliación y la posible construcción de nuevas plazas en localidades como Suba, que tiene más de un millón de habitantes. Estos hacen parte de una propuesta de Plan Distrital y Regional de Abastecimiento que construimos con la FAO, el Distrito, la RAPE y la Región Metropolitana.

Otro avance crucial que impulsé fue la inclusión en el PDD de la actualización de la política de empleo digno (Decreto 380 de 2015), con el fin de que más mujeres cabezas de hogar puedan trabajar en puestos de las grandes obras del Distrito. La meta es que en 2026 haya nuevos lineamientos para que cerca de 12 mil personas en vulnerabilidad laboral puedan acceder a un empleo digno por medio de esta política.
En el ámbito internacional, la Bancada se adhirió en diciembre de 2024 al Frente Parlamentario contra el Hambre de América Latina y el Caribe liderado por la FAO. Esto nos permitirá coordinar acciones, especialmente en proyectos de acuerdo para prevenir el desperdicio de alimentos.
Hemos llevado la realidad del hambre a los medios nacionales y a algunos internacionales como la Deutsche Welle , y he participado en congresos donde he mostrado la urgencia de trabajar en mecanismos asistenciales, pero también en mejorar el acceso al empleo y al emprendimiento de las madres cabezas de hogar y los adultos mayores. Además, hemos insistido en la necesidad de estudiar cómo la pobreza y el hambre generan impactos en la salud mental de las personas.
Los resultados me confirman que estamos en el camino correcto. Basado en la escala FIES de la FAO, implementada por el DANE (2025), Bogotá fue la ciudad que más personas sacó de la inseguridad alimentaria en 2024. En total, más de 560.000 personas salieron de esta condición en sus dos modalidades, mostrando el compromiso de la ciudad en la lucha contra el hambre. La inseguridad alimentaria moderada se redujo del 21.2% en 2023 al 13.9% en 2024.
Esta lucha se correlaciona con el combate a la pobreza monetaria. Los datos del DANE (2025) señalan que casi la tercera parte (28%) de todas las personas que salieron de la pobreza monetaria en Colombia en 2024 viven en Bogotá. Logramos que 352 mil personas salieran de la pobreza monetaria y 134 mil de la pobreza monetaria extrema, lo que significa que estas personas hoy cuentan con ingresos suficientes para solventar sus necesidades básicas, incluyendo un arriendo, un transporte y, por supuesto, un plato de comida. Mi compromiso es seguir trabajando hasta que el hambre sea solo una dolorosa historia del pasado en Bogotá.

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